Sinopsis

«Siglo XVII, en algún lugar del Mar del Norte. El Sirene era un próspero barco factoría, que trabajaba la técnica de la salazón en los arenques, la cual se realiza en el mismo barco. También se dedicaba a la caza de ballenas para la fábrica de aceite, productos cosméticos como jabones y cremas, y accesorios hechos de hueso. Sus itinerarios abarcaban desde las costas de Inglaterra, donde solía pescar, para luego vender a los británicos sus propios peces, hasta las costas Escandinavas, en donde cazaban ballenas. En pleno verano, este era un viaje como todos los otros, a excepción de la noche en que la red enredó un espécimen diferente a los arenques que solían pescar. Cuando los hombres vieron a este extraño ser, se persignaron, y no faltó el que pensó en que el mascarón de proa les había traído mala suerte. Sin embargo, el capitán, que tenía una mente más abierta, pensó en que si la criatura parecía un tanto humana, merecía la pena que la salvara... Así comienza la historia de cómo Liselot entró en la vida de Gerlof Janssen. Un ser mitológico rescatado del mar, que trae una maldición consigo».

Prefacio

agosto 01, 2022

 

Durante la cacería de la mañana, Liselot se alejó de la manada, y su padre salió en su búsqueda, hasta encontrarla oculta en una cueva.
—¿Otra vez? —le preguntó en su particular registro, semejante a las voces de las ballenas.
—Podría haber tenido suerte, y ustedes no lo hubieran percibido.
—Lo que deseas nunca ocurrirá. Creo que ya es tiempo de que hagamos un consejo.
Más tarde, estaban todos reunidos junto a unas rocas, porque contrario a lo que se piensa, estos peculiares habitantes del mar, no moran en viviendas fantásticas, rodeados de plantas marinas y caracolas. Ellos vagan de forma incesante por el mar, igual que todos los habitantes del océano.
—Mi hija, aquí presente —comenzó el padre—, insiste en subir a la superficie y aproximarse a los humanos. Se escapa constantemente, y ya no sé qué hacer con ella. Por eso pido su consejo a esta asamblea, para que me indique qué camino seguir.
—Expulsarla de la manada. No hay otra opción. Si la encerramos, moriría, y nosotros no matamos a los nuestros.
—¿Es la única solución? —preguntó el padre afligido.
—Sí. Liselot se escapará cada vez más lejos, hasta que atraiga la atención de los humanos hacia nosotros.
» Hemos vivido más de mil años, sin que el mundo sepa de nuestra existencia. Si ellos nos descubren, saldrán a cazarnos, al igual que lo hacen con nuestros parientes cetáceos, y nuestra raza se extinguiría para siempre.
» Liselot debe tener presente que no podrá escapar a su destino, el cual significa matar cuando se vea amenazada. Tampoco deberá crear vínculo permanente con ningún humano, o será la perdición de él.
» Nosotros no existimos para hacer daño gratuitamente, pero temo que esta sirena haga cosas muy malas, guiada por el capricho... 
» Desde este momento, Liselot es libre de marcharse, para nunca más regresar.
Qué así sea —respondieron todos a coro.

 

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